En el cielo.

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Otoño. Esa mágica estación que desnuda el alma, tapiza de hojarasca los caminos y ve nacer la noche temprana.

Teñidas de ocres, las laderas pasiegas se funden en un melancólico abrazo con la niebla que, alimentada por el cercano Cantábrico, se va apoderando del paisaje.

Mirador de Covalrruyo.

Quietud otoñal.

DSC_2385Aprovechando los últimos pastos del año; pues el frío que ya se cierne sobre los Valles Pasiegos dejará inerte hasta la primavera la cubierta vegetal.

Es hora del recogimiento y, porqué no, disfrutar de sendas vacías de sonido, de mudas y aletargadas brenas y, al caer el día, un buen sobao con chocolate.

Viento Sur.

atardecerenlabraguiaEl ábrego anuncia la llegada del invierno. Tiñe de colores imposibles el paisaje pasiego. Reseca y hace llorar los ojos del observador. Hace tambalear la pisada del caminante.

Ondea su bandera y arquea con dolor a su paso la hierba, que baja la mirada y espera al pairo su partida.

La luz del norte.

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Es curioso observar la diferente percepción de la luz que tenemos la gente que vivimos en la zona norte y los que la hacen en la sur. Aquí esta se muestra íntima, esquiva, a retazos… Es emocionante encontrarse con ella en la quietud de una tarde otoñal, cuando la naturaleza se prepara para el largo periplo invernal.